Enfrentarse a un amigo

Hace ya 28 años intentaron ascenderme a supervisor y fracasé. Como dice el profesor Albert Rivera del IESE, se produjo el “descarrilamiento”. Claro, que yo en aquella época  tenía 12 años, cursaba sexto de EGB y desde entonces algo he madurado.

En 1980 mis padres decidieron volver a vivir a Barcelona, después de unos años en Mataró. Eso suponía dejar a todos mis amigos y empezar de cero en un nuevo colegio. Volvía al centro de enseñanza donde empecé en primero de EGB, los Maristas de Sant Joan. Como todo cambio, tenía su componente traumático, nuevos profesores y nuevos compañeros. Sería durante semanas el “NUEVO” y me imagino a mis compañeros pensando si podría ser el nuevo pringado al que humillar o un colega más. Yo también tenía dudas sobre en qué me acabaría convirtiendo.

Coincidió que el que iba a ser mi profesor de catalán había sido el Director de mi anterior  colegio, de la misma congregación que el actual. Yo siempre he sido un alumno ejemplar, al menos en lo que a notas se refiere, aunque rebelde en cuanto a actitud. Punto de rebeldía que creo que no he perdido, afortunadamente.

La cuestión es que el Hermano Pujol me recordaba como un buen elemento, así que el primer día de clase, en un momento que debía ausentarse, no se le ocurre otra cosa que darme una tiza, hacerme salir delante de la clase borrador en mano y pedirme que vigilase la clase mientras él no estaba, anotando el nombre de los que se levantasen.

La situación era delicadísima para mí, así que en cuanto el cura abandonó la clase tuve que decidir rápidamente y lo hice, eso nunca me ha costado. Cogí el borrador y al grito de “Alberto cógelo” le lancé el borrador a la cabeza del chaval que aquella misma mañana había conocido en el patio. Ni que decir tiene que en 10 segundos no había ni una sola persona sentada, ningún nombre anotado en la pizarra y se había desatado una verdadera batalla campal. Alberto siguió siendo mi mejor amigo durante muchos años.

Las consecuencias son fácilmente predecibles, toda la credibilidad que perdí con el Hermano Pujol y que supuso suspenso tras suspenso, se convirtió en credibilidad frente a los colegas. En segundos había pasado de ser  “el nuevo” a ser un tipo popular. Eso sí, seguía sin tener ni idea de management, palabra que en aquel entonces sólo había visto en los lomos de algún libro en las estanterías de la biblioteca de mi padre.

El conflicto que yo sufrí en aquel momento no es muy diferente del que sufren muchas personas en las empresas, cuando son ascendidas a su primer puesto de responsabilidad, sin ninguna formación previa y sin entender cuál ha de ser su rol. Se encuentran en el conflicto de cómo dirigir a sus anteriores compañeros de vestuario, como exigirles sin presionarles, como conseguir resultados sin romper la relación y sin tensarse.

Son carne de fracaso a corto plazo -y no van a tener como yo 28 años por delante para corregir sus errores. Porque en la vida cuanto antes cometas los errores mejor. La única alternativa es una buena formación, la pena es, como ya comentaba en mi anterior post “El Directivo olvidado” que la formación de este nivel de mando en la empresa española deja mucho que desear.

AUTOR: Fernando Gastón Guirao

4 comentarios to “Enfrentarse a un amigo”

  1. Cierto es. Aunque no lo es menos que no todo el mundo puede ser un buen jefe. Es frecuente encontrar profesionales que son ascendidos por méritos en su puesto pero que no triunfan en sus ascensos. Existe una cultura que te arrastra a la promoción profesional, como demostración del éxito. No siempre es así.

  2. improvablog Says:

    Tienes razón, Charo, la loca carrera materialista en la que casi todo el mundo anda metido lleva a olvidarse de lo esencial y perseguir objetivos materiales que o bien se agotan rápidamente o que no llevan a ningún sitio. Es importante tomar conciencia de quien es uno, de que es aquello para lo que realmente valemos y aquello en lo que realmente disfrutamos. Un niño lo tiene mucho más claro que muchos adultos. Con suerte andamos perdidos media vida muchos toda la vida. El entorno no ayuda, que te asciendan de manera inconsciente te impulsa en esa carrera loca que en muchas ocasiones no debería empezar. Como dices, muchas veces por incompetencia de los jefes. Es un círculo vicioso, del que cuanto antes salgas mejor.

  3. Pienso que en esto se mezclan muchas cosas: ambiciones (y presiones) profesionales, sociales, etc.
    Es un tema interesante en el que he pensado algunas veces, principalmente por necesidades surgidas en el trabajo. Os cuento una pequeña anecdota:
    Mientras trabajaba como CTO hace unos años, tenía un equipo técnico de primera, sin embargo necesitaba jefes de proyecto. Intenté cubrirlo con los más experimentados de los que tenía, sin embargo los resultados no fueron buenos y la promoción les creó más problemas que ora cosa.
    Luego cambié de empresa y parte de este equipo se vino conmigo, al enfrentar el mismo problema, y en parte por probar, probe la misma solución con iguales resultados. Entonces sabiendo lo que debía hacer busqué jefes de proyecto fuera, no necesariamente técnicos y la cosa se puso en marcha con buenos resultados.
    Al pensar en ello me di cuenta que lo que mi gente quería era una promoción “técnica” y no de gestión directa. Una vez sabido esto y con posibilidades de ofrecer este tipo de carrera, todo va sin problemas.
    Pienso que lo que debemos tener claro es: que me gusta hacer, cómo me gistaría avanzar en esa carrera y orientar mis esfuerzos en ese sentido. Hablarlo abiertamente con tu manager ayuda.

  4. Siempre que se discute sobre temas de ascensos se cae en el tópico de que un buen técnico puede no ser un buen gestor, o lo de “has perdido un buen vendedor y has ganado un mal jefe de ventas”.
    Estoy convencido de que lo importante es buscar un equilibrio entre cualidades técnicas y de gestión a pesar de que en el nuevo puesto pesen en un 90% las segundas. Hay un aspecto en todo este embrollo que no hay que dejar de lado y es la “autoridad moral” del nuevo gestor; un técnico siempre preferirá o asumirá ser gestionado por un individuo que le merezca respeto técnicamente y que haya demostrado su valía en este campo por lo que a fin de cuentas hemos de buscar un técnico contrastado con capacidades de gestión …que deben desarrollarse y formarse. Pocas veces he visto jefes reconocidos y respetados que no tengan un nivel técnico a la altura de sus supervisados. Cierto es que cuando se promociona a un técnico a gestor nadie piensa en formarlo.

    Fernando, tu decisión fué la mejor, al fin y al cabo el Hermano Pujol te hizo una p_t_da y maldita la credibilidad que le debias, ante un tio así que te abandona a los leones… qué mejor opción que pasarse de bando.

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