¿A ti te falta mala leche?

“A tí te falta mala leche” este es el consejo que me dio mi jefe. Y el hombre tenía un punto de razón. No tenía mala leche y afortunadamente sigo sin tenerla. Después del comentario, pasé varios años pensando si hacía falta tener mala leche …hasta que descubrí que Toñín tampoco tenía mala leche. Toñín es una de las personas más extraordinarías que he conocido, excelente profesional y humanamente intachable.

broncaEran mis inicios como consultor y la empresa para la que trabajaba me había asignado a un proyecto en una fábrica de alambre de acero, la fábrica más destartalada, inquietante y sobrecogedora en la que he estado nunca. En franca decadencia la fábrica era una agrupación de edificios descuidados, algunos de ellos abandonados, con las ventanas tapiadas y rodeados de hierbajos. Tan abandonada estaba la fábrica como la gestión en si misma.

Acabábamos de realizar un análisis del mantenimiento de la fábrica y ahí había conocido a Toñín, el jefe del área, un veterano que rondaba los 60 años. Sólo entrar en su despacho ya te quedabas impactado, era como el despacho de Indiana Jones, todo lleno de papeles, libros polvorientos y en vez de restos arqueológicos, válvulas, rodamientos y motores desmontados.

Cuando presentamos las conclusiones a Dirección General fuimos claros: “El mantenimiento es un desastre”. Pensabamos que se podía aumentar la disponibilidad de las instalaciones en 4 pp y mejorar el rendimiento del personal de mantenimiento, al menos en un 30%, en términos económicos, varios millones de euros. El Director industrial, que sí que tenía muy mala leche, lo achacó todo al jefe de mantenimiento, al que consideraba un pusilánime. Según él la solución pasaba por despedirle.

despacho-toninNosotros defendimos al jefe de mantenimiento. Habíamos revisado las conclusiones y consensuado con él el plan de actuación. A diferencia del Director Industrial, había asumido la responsabilidad sobre la situación y se había comprometido a cambiar. El desafío era enorme, la edad media de la plantilla era de 55 años y la de los mandos 61.

Toñín (Sr. Núñez a partir de entonces) resultó ser el revulsivo que aquella organización requería. Las acciones diseñadas se ponían en marcha de manera inmediata. Desarrollabamos las propuestas con los mandos de mantenimiento y después Núñez las impulsaba.

Era implacable, nadie cuestionaba su autoridad, se apoyaba en dos jefes uno eléctrico y otro mecánico, delante de su equipo nos apoyó al 100% facilitando nuestro trabajo. Su apoyo al proyecto se convirtió en credibilidad del equipo de consultores desde el primer momento. Algo que resulta poco habitual en esta profesión, nos sentimos queridos, respetados y escuchados, durante todo el tiempo.

En 4 meses se estaban consiguiendo todos los objetivos que se habían marcado. Después de la reunión de cierre del proyecto descubrimos el porqué. La compañía hacía unos años había despedido a buena parte del equipo de mantenimiento y Toñín había puesto su puesto a disposición de la compañía en defensa del puesto de trabajo para su dos adlateres. Los apreciaba como personas y los apreciaba como profesionales. El  sabía que sin ellos dos, no podría tirar adelante el área de manera exitosa. Esa actitud era reflejo de lo que era Toñín.

Varias lecciones aprendí y he ido aprendiendomala-leche1

1.     La humildad es más importante que la mala leche.

2.     La mala leche es innecesaria.

3.     Que la mala leche sea necesaria para ti depende de dos cosas: los objetivos que te marques y tu capacidad para respetar ciertos valores.

4.     En el mundo de la empresa falta humildad y sobra mala leche.

5.   Los líderes se mueven por valores y la mala leche no es uno de los importantes.

¿A ti te falta o sobra mala leche?

AUTOR: Fernando Gastón Guirao

NOTA: El Director Industrial terminó en la calle. Cuatro años más tarde Toñín seguía mejorando la disponibilidad de las instalaciones.

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16 comentarios to “¿A ti te falta mala leche?”

  1. Hola Fernando,

    Muchas gracias por tus palabras, seguramente puede ser una fuente de inspiracion en un momento en el que la mala leche sobra…

    Suerte y un saludo,

    Arianna

  2. Yo también he escuchado, y no una sino unas cuantas veces, que me falta mala leche. Y, dándole muchas vueltas, no he conseguido nunca entender el beneficio, ni para uno mismo ni para los demás, de esa cualidad, al parecer necesaria, que consiste en gritar en lugar de hablar, en ordenar en lugar de sugerir y en controlar en lugar de motivar. La mala leche, bajo mi punto de vista, es el refugio de los mediocres, de los envidiosos y muy particularmente de los que suplen con mal carácter sus importantes carencias. Es algo así como si se pusiera en práctica un axioma del tipo “si no sabes qué hacer, grita”… Lamentable.
    Afortunadamente, los tiempos del ogro admirado y valorado dejan paso a los del individuo responsable, respetuoso y empático. Eso es una buena noticia, sobre todo para los que, en otros tiempos, nos llamaban Toñín.
    La situación ya es lo suficientemente amarga muchas veces como para agriarla más con mala leche.

  3. Profunda verdad la que presenta Fernando. Personas como Toñín son las que podrían sacar el país adelante. El que problema es que si no fuera por la chiripa de encontrarse a Fernando en su camino, estaría engrosando las filas del paro, con muy baja autoestima y con depresión -aun teniendo razón.

    Decía el humorista Joan Capri que “el mon és del qui crida més”. Y tenía hasta más razón que Fernando. Aunque la mala leche no sea una forma saludarse de que alimentarse, vivimos entre comida basura. Se produce una especie de selección adversa, donde las personas que tendrían las cualidades pacíficas para gobernar no llegan a hacerlo, y en cambio, los ambiciosos, prepotentes, acelerados, mandones, histéricos se llevan al gato al agua.

    ¿Cómo crear una conspiración contra este tipo de jefes tóxicos? ¿Cómo denunciarlos, más allá de la queja registrada en el hogar el club de los pacíficos? Paradójicamente, para plantar cara al violento hay que llegar a ser hasta cierto punto agresivo.

  4. Todo esto esta muy bien, particularmente, me gusta diferenciar la mala leche, del carácter, que sin duda alguna también es necesario.

    El respeto a los profesionales, hemos de recordar, que las cosas no se hacen mal a drede, y que los que te reciben esperan algo más que reproches.

    La comunicación, es vítal, los equipos deben sentirse parte de la construcción de los nuevos proyectos, y no meros ejecutores.

    La confianza debe ser bi-direccional, nosotros como directivos hemos de mostrar seguridad en nuestras decisiones, y reconocer el trabajo del equipo dando oportunidad de realización.

    Caracter: SIEMPRE hay gente toxica, en la cual no vale la pena emplear tiempo ni esfuerzo. Normalmente, el resto de la gente, ve como un buen ejemplo, el enjuiciar personas negativas que pueden hacer peligrar los objetivos colectivos, o que simplemente no juegan en equipo.

  5. Fernando, ¡impagable! Muchísimas gracias por publicar este espléndido relato con el que no puedo estar más de acuerdo. Quizá porque me haya sentido como Toñín o como tú mismo alguna vez, las reflexiones finales me parecen acetadísima. No hace falta mala leche. Hace falta humildad. Y a menuedo, quiene tiene en exceso de lo primero, carece por completo de lo segundo. Llevo muchos años comprobándolo. Desde este momento estás en mis “blogs amigos”.
    un abrazo
    Raúl Castro

  6. Pues si, reconozco tener mala leche, o por lo menos eso dicen de mí.
    Para mi mostrar mala leche en numerosas ocasiones, ha sido mostrar firmeza, exigencia, objetividad, gestionar en base a resultados (y eso a los malos les cabrea), tomar decisiones que no han sido del agrado de todo el mundo.
    De alguna forma todos nos sentimos incómodos cuando se quieren cambiar las cosas, cuando los objetivos son retadores y ambiciosos, cuando recibimos presión para que las cosas se hagan bien.
    Ojala todos los empleados fueran responsables y autoexigentes consigo mismos, pero desafortunadamente muchos de ellos requieren de esa firmeza, constancia y exigencia que muchas veces se le atribuye la etiqueta de mala leche.

  7. improvablog Says:

    Alex, agradezco que digas lo que piensas.

    La respuesta que creo adecuada está plasmada en el post:

    https://improsofia.wordpress.com/2008/11/14/aprenda-a-gestionar-incompetentes/

    Muy interesante de Gabriel Ginebra.

    Un abrazo:

    Fernando

  8. improvablog Says:

    Alex, no se trata de no conseguir los resultados. Resulta evidente que puedes abrir una lata a martillazos, nadie dudará de que no seas un individuo orientado a resultados, rudo, pero orientado a resultados. EL objetivo lo conseguiras, pero dejarás la lata hecha una mierda. El tema es que unos señores muy sesudos han inventado el abralatas, incluso unos más sesudos han inventado el abrelatas eléctrico, que no funciona tan bien. Pudes ser exactamente igual de orientado a resultados si abres la lata con menos esfuerzo, con el abrelatas, causando el mínimo perjuicio al indefenso contenedor. Cuando en el post hablo de valores, me refiero a respetar la lata. Yo personalmente prefiero conseguir los objetivos, mucha gente te corroborará que los consigo, pero sin causar daño a las personas que trabajan conmigo, sean o no sean las más competentes del mundo. Porqué para mi es un valor irrenunciable el respeto a la persona, jamás le he faltado el respeto a ningún colaborador. EL poner esta limitación, me ha pasado la presión a mí, no a los demás, de desarrollar las armas necesarias para conseguir los resultados sin sobrepasar ciertas fronteras, me ha hecho madurar y espero seguir madurando.

  9. Aunque estoy de acuerdo con los de la ‘buena leche’, y es el estilo que siempre he seguido incluso durante situaciones muy difíciles, también he observado que hay parte de la población que por algún motivo reacciona solo cuando alguien de ‘mala leche’ les obliga a hacerlo. Es triste pero cierto. Sin embargo creo que es un ‘legado’ del sistema educacional clásico basado en la autoridad y la jerarquia, y con el tiempo se impondrá cada vez más el nuevo tipo de liderazgo que respeta al individuo sin dejar de ser exigente y profesional. Solo dando el ejemplo como líderes lo conseguiremos.

  10. Personalmente he comprobado que la “mala leche” aparece allá donde hay un déficit de credibilidad sobre objetivos y obligaciones. Comenzamos ya desde muy pequeños cuando de niños podemos cuestionar nuestras obligaciones y observamos que nuestros padres recurren al “grito o cachete malhumorado” antes que ingeniárselas para asegurar el cumplimiento de los que se espera de nosotros. Cuando jóvenes, podemos cuestionar los mismo pero entonces desde una posición más autónoma y las hormonas hacen que la “bronca” se asocie fácilmente a la violencia. Podemos entonces llegar a la empresa con percepciones interiorizadas que nos hacen creer que los límites de nuestra libertad de elección los marcan las amenadas. En este entorno, la “mala leche” se convierte en un instrumento de autoridad eficaz pero gran consumidor de energía emocional que a la larga limita el desarrollo del grupo. Podemos entonces plantearnos una estrategia de cambio para alcanzar un entorno más agradable. Inicialmente, yo intento identificar a las personas que requieren este tipo de autoridad y que normalmente son las que propagan el “mal ambiente” al resto. Al mismo tiempo, ponemos en marcha procesos informativos que de forma objetiva pongan en evidencia los logros del grupo y de los individuos (en esto las tecnologías de la información ayudan mucho). Implantamos protocolos de actuación y normas que bloqueen el avance del que no las cumple e iniciamos un seguimiento estricto y frecuente de logros. Dependiendo de la capacidad del directivo para aguantar la resitencia al cambio, pasado un tiempo conseguiremos que destaquen los empleados voluntariosos e involucrados, y lo que es más importante, conseguiremos demostrar que la “mala leche” la recibe quien la solicita a título personal pero que no es parte del grupo. Puedo decir que yo así lo experimento en mi organización y los resultados son medibles incluso económicamente.

  11. Completamente de acuerdo Fernando y sobre todo muy importante para los que se sientan aludidos, no hay que confundir mala leche con rigor, seriedad, profesionalidad, etc… Las objetivos se pueden cumplir sin ser mala persona, creo que de eso se trata, hacer bien nuestro trabajo apoyándonos en nuestra experiencia y en los buenos profesionales que nos rodean.

  12. Fernando, llevo años defendiendo esto. Me alegra ver que coincidimos. La mala leche puede generar resultados “a corto”, pero te cargas la confianza, que es lo más importante para generar cosas a medio-largo plazo. Sobra mucho manager agresivo y falta mucha Humildad, con mayúscula….

  13. exelente blog.

  14. A ver… la mala leche es necesaria, pero no mala leche violenta y gratuita sino como sinonimo de autoridad.
    A menudo se confunde la autoridad y firmeza con mala leche.
    Nadie en esta vida podra lidiar con gente autoritaria, lo que incluye a curritos apoltronados acostumbrados a hacer lo que quieren,
    con buenas palabras. Hay que ponerse a su nivel y una vez determinado quien es el que manda, entonces se puede relajar la mano.

    Por mi experiencia, en circunstancias donde de primeras has ido sin mala leche, en actitud abierta y dialogante… todo acaba en desastre.
    No con todo el mundo.. al final es un problema de la actitud de ciertos empleados. Y casos de estos tengo unos pocos. Es decir, al empleado que le abres las puertas
    le das flexibilidad, intentas ser comprensivo, etc… pero al final ves que sigue haciendo lo que le sale, que no hace el trabajo cuando y como debe, y encima ve tu actitud
    “dialogante” como signo de debilidad ¿que otro camino te deja que cascarlo?.

    Pero la mala leche como norma general, es nefasta para una organizacion. Como se suele decir, un cachete a tiempo cura mas males que toneladas de dulces.

    Salu2

  15. improvablog Says:

    Hola jefecillo 🙂

    suena mal que te llame así, pero ¡es el nick que te has puesto!

    No confundamos terminología, decir las cosas con firmeza es asertividad, no autoridad. La autoridad te la otorgan tus empleados por meritos propios. Yo he tenido que despedir a gente en diversas ocasiones y en ningún caso me ha hecho falta mala leche, como dices tú, simplemente explicar las cosas clarito.

    Mala leche es levantar el tono de voz innecesariamente llevando el enfrentamiento a una lucha de egos y no de intelectos. Es un síntoma de debilidad, cuando se basan los diálogos en los que y no en los porqués y comos.

    CUidado con el cachete, que ahor te meten en la carcel!! 🙂

  16. Si lamentablemente existe mucha gente envidiosa, sin valores, pesimista, ladrona, que busca solo tirarte para abajo y no es capaz de ver la perseverancia, el optimismo, el emprendimiento, el compartir, el luchar por tu familia. Viven enrollados en sus grupos que solo buscan la imagen como si los demas fueramos menos que ellos, ignorantes, estupidos, sin aspiraciones, solo se juntan porque solos no valen nada….

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