Cómo perder la autoridad de un plumazo

entero_traje_negroEn los años sesenta un ministro Francés de Hacienda fue destituído fulminantemente. Lo curioso del caso es que este señor no había contravenido ni una sola normativa fiscal, no había robado, no tenía una amante, no le habían regalado ningún traje, no tenía una becaría desinhibida y el presidente del gobierno no se había vuelto loco. El único mal que había cometido este hombre es hacer unas declaraciones a hacienda impecables, tan impecables, que se aprovechaba de todos y cada uno de los recovecos que las leyes permitían para minimizar los pagos a realizar tanto a nivel personal, como en sus sociedades. La información utilizada para hacer esas declaraciones no estaba al alcance del común de los francesitos mortales, ni tan siquiera un experto fiscalista podía garantizar tal perfección. A los ojos de la opinión pública el ministro había abusado de su posición, había abusado de su poder y por lo tanto, como máximo responsable del ministerio, había quedado completamente desautorizado, lo que le inutilizaba para el cargo.

Como dice Juan Antonio Pérez López, el uso correcto del poder genera autoridad y por el uso incorrecto se pierde. Desgraciadamente se da una fuerte asimetría entre el proceso constructivo y el proceso destructivo. Años de trabajo puede llevar construir la credibilidad frente a un equipo, frente a la sociedad o frente a la familia, sin embargo para arruinarla miserablemente, tan sólo hacen falta unos minutos. Pero no necesariamente se pierde la autoridad de una tacada, puede ser perfectamente, un proceso progresivo.

Entendamos primero como se construye la autoridad. Un esquema clasificatorio válido sería atendiendo a los criterios de Eficiencia, Desarrollo y Cohesión que deben guiar la acción directiva. Por clarificar criteros:

grafico eficiencia desarrollo cohesiónEficiencia: Hacer aquello que es lo correcto desde el punto de vista operativo y que garantiza la rentabilidad de la compañía. Vender productos o servicios al precio correcto y con los mínimos costes, para generar beneficios.

Desarrollo: Hacer lo correcto para que las personas se encuentren satisfechas en su lugar de trabajo por lo que les aporta, en especial en lo relativo a su desarrollo cognoscitivo personal. También se debe trabajar en la retención del talento y ello implica una mayor eficiencia en el medio plazo.

Cohesión: Cumplir con los valores de la compañía y actuar siempre en línea con la misión de la misma. Es decir cumplir con todo aquello que se ha considerado irrenunciable y que proporciona el sentido y razón de ser a la organización. Garantiza la eficiencia en el largo plazo.

Los procesos de pérdida de la autoridad pueden ser de dos tipos, los derivados del abuso de poder o los derivados de la omisión en el uso del poder. Pero para comprenderlos mejor es prioritario analizar como se construye la autoridad y eso se desarrolla en tres fases que se corresponden con los tres criterios anteriores:

organigrama1.- La base de actuación de un directivo es siempre el poder formal, el que le proporciona su posición en el organigrama, el que se le otorga para que garantice el funcionamiento de la compañía conforme se ha definido, asegurando unos niveles de eficiencia. Ser capaz de generar eficiencia con tu actuación mediante el uso de tu poder formal, también llamado coacción(no necesariamente negativo), es la base para la generación de autoridad, pero ésta no se consigue a menos que se avancen dos pasos más.

trabajo_en_equipo2.- El segundo paso es que en su actuación el directivo tenga presente que trabaja con personas, no con máquinas y por lo tanto tenga en consideración que las personas tienen intereses adicionales que pueden ser cubiertos en el ámbito laboral y que van más allá de lo puramente formal y salarial. Entre estos aspectos el de mayor relevancia es el desarrollo personal del individuo, su aprendizaje.

valores3.- Se logra el máximo nivel de autoridad, el liderazgo, cuando uno no se mueve únicamente por los intereses personales, sino que realmente vive los objetivos de la empresa como algo personal y es capaz de desarrollar el compromiso de las personas por las mismas metas que la organización, generando una implicación máxima. Las personas confían ciegamente en el directivo porque saben que sus intereses personales no están permanentemente por encima de los de los demás.

La autoridad no se construye a base de palabras, sino de actos; se generará la confianza para alcanzar el máximo nivel de autoridad cuando realmente se viva teniendo presente los dos principios: Desarrollo y Cohesión. Si se pretende engañar a la organización haciéndoles creer que nos preocupamos por ellos, cuando en realidad lo único que nos interesa es decir palabras bien sonantes para manipular y que las personas se sientan comprometidas, los empleados más pronto o más tarde percibirán la disonancia existente entre actuación e intenciones lo que contribuirá al desarrollo de un ambiente marcado por el cinismo y donde lo único que importarán son las apariencias.

Y para destruir nuestra autoridad, ¿Qué tenemos que hacer? La respuesta es. “depende”. Depende de lo rápido que queramos ir.

building-collapseSi queremos ir rápido, debemos atentar contra los fundamentos de la organización y eso son los valores. Podemos atacar de manera directa a la cohesión por ejemplo, faltando al respeto de las personas, comportándose de manera deshonesta con un cliente, mintiendo, eludiendo responsabilidades acusando a otros, …

Una vía media desde el punto de vista de la rapidez es coartar el desarrollo de las personas, no hacer nunca al equipo partícipe de las decisiones, no delegar y pretender controlarlo todo, en resumen centrarse púramente en los aspectos formales de la dirección evitando que las personas tomen decisiones, que se responsabilicen  y que por tanto, se desarrollen.

La vía más lenta es la de ir acumulando puntos negativos a base de incompetencia. Un equipo espera que su responsable sea eficaz, tome decisiones correctas cuando le toca y que lleve a la compañía por la senda de la rentabilidad, pues eso les garantiza el salario. Los errores acumulados, muchas veces inevitables dada la complejidad de la labor directiva, acaban mermando la autoridad del jefe. En ocasiones no son errores lo que los empleados juzgan como tales, sino juicios emitidos con falta de información relevante. El directivo debe ser consciente de esta merma de credibilidad que afecta a su autoridad y está obligado a realizar una labor continua de reconstrucción, en que la comunicación es esencial para que las personas del equipo puedan comprender las circunstancias, que en determinados momentos pueden marcar una decisión.

porsche cayenneCada vez, más gente pasa por las escuelas de negocios con un único fin, mejorar profesionalmente para enriquecerse más rápidamente. Más gente pasando por una escuela de negocios implica más gente en el mundo de la empresa que es capaz de contestar en un examen tipo test cuáles son las tres fases de la construcción de la autoridad, a la vez que se comportan tal y como el materialismo y egocentrismo reinantes en nuestra sociedad marcan. El individuo y sus necesidades materiales como centro del universo. No son todos, pero los que son hacen daño.

AUTOR: Fernando Gastón Guirao

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12 comentarios to “Cómo perder la autoridad de un plumazo”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: En los años sesenta un ministro Francés de Hacienda fue destituído fulminantemente. Lo curioso del caso es que este señor no había contravenido ni una sola normativa fiscal, no había robado, no tenía una amante, no le habían …..

  2. El artículo me parece muy valido, pero incluye una crítica gratuita final a las escuelas de negocios que, creo, no tiene mucho sentido. No puedo compartir la opinión del autor sobre el objeto de las mismas. Soy alumno de una escuela de negocios y no recuerdo que me hayan enseñado nada de todo eso. Lo que es obvio, es que si buena parte de los directivos han pisado una, tambien buena parte de los directivos poco éticos lo habrán hecho, pero no veo la relación de causalidad.

  3. Un interesante artículo. La autoridad es algo que uno se tiene que ganar, o mejor dicho, te lo tienen que dar los otros. Tienes que generar esa confianza y liderazgo para que la autoridad se te reconozca como tal.
    A veces parece que no es así – y se confunde con el miedo y otras emociones, que ya no tienen que ver con la autoridad.

  4. improvablog Says:

    Hola Antonio,

    He retocado el artículo para que se entienda mejor, pero en ningún momento había una crítica a las escuelas de negocios; aunque son criticables, pero no en relación al contenido del texto. Sería como criticar al fabricante de cuchillos por el mal uso que un asesino haga de él. La crítica era al materialismo de la sociedad y al inadecuado uso que se hace de las enseñanzas que proporciona una escuela de negocios.

  5. Gabriel Ginebra Says:

    Magnífico artículo. Plantea un tema y lo resuelve con profundidad, estructura y ironía. Genial aplicación del clásico “Corruptio optima pessima”. Siempre me ha parecido más pedagógico descubrir cómo se rompen las cosas que el típico discurso triunfalista de todas las bondades de no equivocarse nunca, cómo típicamente se enseña el management. Luego todo son sorpresas y críticas. Eso, felicidades.

  6. Roberto Ciruelos Says:

    Articulo muy interesante, y además viene al pelo por muchos motivos, yo me centraré solo en uno de ellos.
    Me parece muy interesante, al menos de manera conceptual, una de las ideas que se expresa en el articulo… “Se logra el máximo nivel de autoridad, el liderazgo…”.
    En un momento coyuntural difícil, donde las compañías buscan el corto plazo (ya no son solo sus integrantes…), ingenierías de costes aplicadas en su máximo exponente, congelación de presupuestos para todo aquello que no sea lo ya conocido (por desgracia), los profesionales más preocupados en hacer política de pasillo para salvaguardar sus puestos que en crear valor para la empresa, y así podría seguir…pero, dicho todo esto y dando por cierto que a la autoridad se llega, entre otros por el desarrollo (medio plazo) y la cohesión (largo plazo), y que de dicha autoridad llevada a su máximo exponente dimana el “liderazgo”, ¿Quién es el guapo/a que hoy por hoy llega a esa, tan anhelada al tiempo que manida categoría de líder?
    Mi experiencia como mando intermedio y directivo es que solemos ser los que nos llevamos todos los palos, por arriba si no salen los números, y por abajo si no se satisfacen las perspectivas individuales, eso sí, siempre con mucho liderazgo!!!
    Se nos socaba la autoridad y el trabajo realizado con los equipos a cada golpe de timón que la compañía deciden dar, pero eso sí, nosotros siempre con mucho liderazgo!!!
    En mi opinión, el concepto de líder es algo ambiguo y efímero, uno es líder no por decisión propia, sino porque el grupo así lo decide, y la mayoría de las veces uno llega a ser líder, si es que se llega, sin saber exactamente cuales han sido los afortunados resortes que has tocado, eso sí, también está la opción de aprender las impagables técnicas al uso para llegar a ser líder pero, a mí nunca se me dio bien el teatro (soy de los que odian los roll-plays como no sea para bromear en ellos).
    Por tanto y para acabar, al final no se si he expresado algo coherente o únicamente me he desahogado, en todo caso y como dice un amigo consultor al final de sus cursos….. se aceptan preguntas…dudas…insultos…
    Un saludo a todos.

  7. improvablog Says:

    Roberto si te has desahogado y quedado a gusto, doy el post por bien escrito. Convertirte en líder del equipo creo que nunca se consigue, es algo a lo que se aspira y que, en la medida que seas capaz de hacerlo convivir con todas las presiones que te rodean, hará que como persona y como directivo progreses. La perfección no existe y la imperfección nos apabulla.

  8. Gracias por tus palabras, conste que me ha gustado mucho el articulo, de hecho he leído alguno más y me seduce esa pizca rebelde que percibo que tienes, si estoy en lo cierto, en mí tendrás un seguidor asiduo a partir de ahora.
    Me siento completamente identificado con el articulo “El directivo olvidado”, aunque de aquello ya hace años… supongo que me quedo un cierto resentimiento hacia lo que yo entendí como serio bache no provocado por mí en mi trayectoria profesional, o simplemente no estuve a la altura, quién sabe, porque el paso siguiente a mi nombramiento fue el de “Enfrentarse a un amigo”…
    Como profesionales del coaching es de agradecer que invirtáis vuestro tiempo en compartir con los demás vuestro saber.
    Un saludo.

  9. Me ha gustado muchísimo el artículo, me he sentido muy identificado en muchos de los puntos que se han tocado. Es una buena pauta para los mandos intermedios, aunque cada uno de nosotros seamos distintos pero el fin es es mismo, conseguir el objetivo y ser rentable a la empresa.

  10. […] criterio que rige la toma de decisiones es el criterio de eficiencia, del que ya hablé en el anterior post en este blog; además, es el único aplicado en este caso. Ahorrarse el salario del siguiente lunes justificaba […]

  11. Excelente post.
    La verdad es que refleja realmente la diferencia entre poder y autoridad (dos grandes paradigmas que todos conocemos pero que nos cuesta muchísimo de aplicar en nuestro ámbito cotidiano).

  12. Carlos Gilabert Says:

    Interesante post. La prueba son los comentarios que ha suscitado que me parecen asimismo plausibles.
    Quisiera opinar sobre dos aspectos que se han comentado: por un lado, la naturaleza de término líder; y, en segundo lugar, la referencia hecha a que “el uso correcto del poder genera autoridad”. Para evitar alargarme, intento crear un vínculo entre ambas ideas.
    Es evidente que la naturaleza de liderazgo no se define por un sólo concepto (ni de actitud ni aptitud, ni natural o aprehendido…) sino por un compendio de factores, entre los que también incluyo los exógenos; es decir, factores fuera del propio control del líder (coyuntura, situación, lugar, ¿suerte?). Y dentro de ese compedio, me parece extremadamente importante la capacidad de convencer, frente al vencer.
    No logro identificar qué se entiende por “el uso correcto del poder” porque la corrección no tiene un único prisma. Así pues, en tanto que diferentes visiones de lo que correcto, tantas críticas de incorrección al uso dado del poder.
    Sin embargo, el convencimiento es un herremienta poderosa de limar aristas frente a opiniones diversas, de aunar esfuerzos, de ganarse el poder real, que es el moral más que el organizacional o jerárquico.
    Una parte del convencimiento que me interesa mucho reside en la capacidad de gestionar los errores propios. Quien no se ha equivocado en la vida, es que no ha vivido (frase de la que desgracidamente no recuerdo su autor). Quien no haya errado en el liderazgo es que tiene poco que aportar a un grupo de Profesionales (con mayúscula).

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